POR LA POLÍTICA

Rico Avello tuvo los primeros contactos con la política durante su estancia en Madrid explorando sus posibilidades como periodista. Entre 1901 y 1904 participó de algún modo en las actividades del Círculo Republicano Federal de la travesía del Horno de la Mata, uno de los muchos que en toda España mantenían viva la llama de la ideología de Pi y Margall, a la espera de mejor ocasión.

Luego, en Asturias, se centró en su desarrollo profesional, hasta que en 1913 decidió afiliarse al Partido Reformista que un año antes había fundado su paisano Melquiades Álvarez. Con este partido se presentó a las elecciones para la Diputación Provincial por la circunscripción de Oviedo-Siero y consiguió el nombramiento por aclamación (por no haber contrincantes) el 7 de junio de 1921, junto con dos compañeros del Partido Reformista y un conservador independiente.

El Partido Reformista era de ideología claramente republicana, aunque su promotor, Melquiades Alvarez, tuviera una actitud poco beligerante respecto al régimen monárquico en el que se desenvolvía. Para Rico Avello fue el marco adecuado en que desarrollar su activismo republicano federal, que echaba raices en su relación con los problemas económicos de Asturias y mas concretamente en los del sector minero que constituía su entorno profesional.

Así, no es extraño que su actividad como Diputado Provincial se centrara en varias propuestas sobre la economía asturiana que culminaron en 1922 con un proyecto de bases para constituir la Junta Asturiana de Fomento y Defensa de los Intereses Regionales, el cual se publicó el 25 de noviembre del mismo año.

No duró mucho sin embargo, esta primera incursión de Rico Avello en la política institucional. El 12 de septiembre de 1923, el General Primo de Rivera se sublevó en Cataluña contra el Gobierno de la Monarquía e instauró, con la aquiescencia de Alfonso XIII, una Dictadura destinada a cortar de raíz la influencia política de los partidos tradicionales, republicanos o no. Cuatro meses después, un Real Decreto disolvía las diputaciones provinciales y Rico Avello, tras firmar un Manifiesto de rendición de cuentas con sus compañeros de la Diputación de Asturias, volvió a su bufete de abogado y se retiró de la política activa hasta el final de la Dictadura.

El final de la Dictadura tuvo su principio en enero de 1930 con la dimisión de Primo de Rivera, forzada por Alfonso XIII. Tras ella empezaron a bullir en toda España las opciones políticas que habían permanecido agazapadas ante la actitud represiva del Dictador. Lo interesante sin embargo fue que en este bullir favorecido por el progresivo “ablandamiento” del sistema, los partidos tradicionales que habían dado consistencia al régimen monárquico constitucional resultaron ser una minoría sin capacidad de resistencia frente a la marea ascendente de los partidos republicanos.

Mientras a nivel nacional se sucedían el Pacto de San Sebastián, la sublevación de Jaca y finalmente la proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, Rico Avello se reincorpora a la política formando parte del movimiento republicano federalista de Asturias y su nombre aparece al pie de un manifiesto invitando a la ciudadanía a sumarse a la obra que la Agrupación (Republicana Federal) emprende encendida por el amor a Asturias, por el amor a España y por el amor a la justicia y el progreso social. El nombre de Rico Avello es el primero de una variopinta lista de ciudadanos asturianos que suscribe un texto recordatorio de las líneas principales del republicanismo federal y prometiendo la redacción en breve plazo del Estatuto de Asturias.

14feb31asrsegovia_637Obviamente Rico Avello no es el único que suscribe manifiestos en esos momentos; el 10 de febrero de 1931, Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala y José Ortega y Gasset firman el de la Agrupación Al Servicio de la República y cuatro días depués lo presentan en el teatro Juan Bravo de Segovia en compañía de Antonio Machado. Esta será la auténtica plataforma política de Rico Avello y no militará en ningún otro grupo durante el resto de su carrera política.

Pero para empezar, la campaña de los Republicanos Federales de Asturias para las Cortes Constituyentes de 1931 entra inmediatamente en crisis por el enfrentamiento entre la agrupacion de Gijón, a la que pertenecía el presidente Eduardo Barriobero y la de Oviedo, donde miltaba sin otro apoyo que su prestigio personal, Manuel Rico Avello. No se trataba solo de la tradicional rivalidad entre las dos “capitales” de Asturias; los de Gijón se alineaban con la izquierda radical representada por la CNT, mientras que los de Oviedo preferían la Conjunción Republicana-Socialista, que finalmente dominaría las Cortes Constituyentes.

La división se materializó en dos candidaturas de los Republicanos Federales asturianos, siendo Rico Avello elegido por aclamación en la Agrupación de Oviedo. En su campaña, el ideario fundacional de Pi y Margall va evolucionando hacia el enfoque modernizador de Ortega y Gasset y sus colaboradores en la Agrupación al Servicio de la República, sin renunciar nunca a un Estatuto de Autonomía para Asturias en el que se implicó activamente hasta que otras obligaciones de su carrera política le apartaron definitivamente del empeño.

La única alternativa con posibilidades en Asturias frente a la Conjunción Republicana-Socialista era el Partido Republicano Liberal Democrático de Melquiades Álvarez; pero una campaña basada en las dudas sobre su auténtico republicanismo, unida a un desagradable incidente en el teatro Campoamor de Oviedo diez días antes de las elecciones, con la interrupcción violenta del acto y asalto posterior a los locales del partido, llevaron a los liberales demócratas a retirar su candidatura y presentar a Don Melquiades en Valencia, bajo el paraguas del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux.

La Conjunción Republicana-Socialista barrió en Asturias y Manuel Rico Avello salió elegido en la primera vuelta; pero una carta del 4 de julio de 1931 a su cuñado y primo D. Ricardo Rico Rivas deja constancia de la dureza de la batalla política librada:

“He sido el blanco de todas las campañas. Me han combatido sañudamente los melquiadistas, los sindicalistas, los comunistas, los agrarios y los católicos. Han querido, todos conjurados, presentarme como un patrono minero para restarme votos en las cuencas hulleras. Han conseguido quitarme 7 u 8.000. Así y todo, me sobraron para triunfar más de 40.000. A otro cualquiera de la candidatura que le hubiesen combatido como a mí lo hubieran ahogado …los demás han nadado desembarazadamente y con flotadores salva-vidas …el peso de la Patronal de Mineros, en esta ocasión pesaba mucho en contra mía …”

Y además no había sacado ni un solo voto en Trevías. Los paisanos de su pueblo en bloque habían votado en contra suya. Esto le dolió en el alma.